El Niño no impactará igual en todo el país: qué esperar en cada región productora

El Niño no impactará igual en todo el país: qué esperar en cada región productora

Entrevista del mes

En la charla mantenida el 24 de agosto con el Cluster, el meteorólogo especializado en análisis climático y comunicación del pronóstico aplicado al sector agropecuario Leonardo De Benedictis describió las principales características e implicancias por región de “El Niño” previsto para la campaña 2026/27.

Lo primero que dijo es que se espera que el fenómeno sea muy intenso por la anomalía de temperatura del Pacífico, potencialmente superior a antecedentes observados, pero aclaró que “superniño” no es una categoría meteorológica formal y que una mayor intensidad del fenómeno oceánico no significa automáticamente inundaciones generalizadas. También destacó que no se espera que todas las regiones tengan exceso de lluvia ni que el impacto sea homogéneo.

Panorama general del evento

Según lo explicado por De Benedictis, El Niño ya habría comenzado a manifestarse anticipadamente durante julio-agosto de 2026. Septiembre sería todavía un período de transición, con lluvias algo más frecuentes pero relativamente cercanas a lo normal. Las señales más claras comenzarían en octubre, mientras que noviembre y diciembre serían los meses de mayor impacto meteorológico, especialmente sobre el Litoral. De Benedictis identificó a diciembre como el mes potencialmente más activo, tanto por frecuencia como por volumen de precipitaciones.

El máximo del calentamiento del Pacífico se produciría aproximadamente entre diciembre de 2026 y enero de 2027. A partir de enero-febrero el efecto meteorológico podría comenzar a debilitarse, aunque sus consecuencias —suelos saturados, ríos elevados y dificultades de escurrimiento— podrían prolongarse durante todo el verano. Por la magnitud del calentamiento previsto del Pacífico, De Benedictis consideró probable que la influencia de El Niño permanezca al menos hasta febrero-marzo de 2027, posiblemente acercándose a marzo-abril. Esto resulta particularmente relevante para el pecán porque podría alcanzar también parte del período de cosecha.

Impacto esperado por región

  1. Litoral / NEA

 Entre Ríos, Corrientes, Misiones, este y noreste de Santa Fe, y áreas vinculadas a las cuencas Paraná–Paraguay–Uruguay

Es la región donde se espera el impacto más claro y persistente de El Niño.

Qué se espera?

  • Mayor frecuencia de precipitaciones.
  • Acumulados mensuales superiores a los normales.
  • Suelos con períodos prolongados de saturación.
  • Mayor riesgo de anegamientos, incluso sin tormentas extraordinariamente intensas.
  • Aumento de humedad ambiental.
  • Crecidas de los grandes ríos y dificultades para que las cuencas secundarias puedan descargar.

El punto central es que el problema no necesariamente será recibir 200 o 300 mm en una única tormenta. Puede producirse mediante lluvias reiteradas que mantengan permanentemente cargados los perfiles del suelo. Una sucesión de meses con 150-200 mm, aun repartidos entre varios eventos, puede generar un problema serio por saturación y falta de escurrimiento.

Además existen tres riesgos que pueden darse simultáneamente:

  1. lluvia intensa puntual;
  2. elevada frecuencia y acumulación de precipitaciones;
  3. crecidas de los ríos provocadas por lluvias ocurridas aguas arriba.

Esto último significa que un establecimiento puede incluso registrar precipitaciones normales y, sin embargo, sufrir inundaciones por el comportamiento de la cuenca.

Período crítico

  • Septiembre: comienzo del aumento de frecuencia, todavía cercano a valores normales.
  • Octubre: empiezan a hacerse evidentes los efectos.
  • Noviembre-diciembre: período de mayor riesgo.
  • Diciembre: actualmente aparece como el mes de mayor actividad esperada.
  • Enero-febrero: posiblemente menor señal meteorológica directa, pero persistencia de los problemas por saturación de suelos y elevados niveles de los ríos.
  • Marzo y eventualmente abril: sigue existiendo riesgo debido a la duración esperada del fenómeno, lo que podría interferir con la cosecha de pecán.

1.a. Corrientes

Dentro del Litoral, Corrientes aparece como una de las provincias potencialmente más comprometidas. Se trata de la zona de mayor riesgo por la combinación de ubicación geográfica, precipitaciones y sistema hidrológico. El foco señalado comprende Corrientes y el extremo noreste de Santa Fe, continuando hacia Misiones, este de Paraguay, extremo sur de Brasil y norte/noroeste de Uruguay.

El riesgo para Corrientes no depende únicamente de cuánto llueva dentro de la provincia. Las lluvias intensas en el sur de Brasil y este de Paraguay pueden aumentar los niveles de los grandes ríos y dificultar el drenaje interno.

Áreas como Curuzú Cuatiá y zonas del sur provincial, al presentar suelos más pesados, podrían tener mayores dificultades de infiltración y escurrimiento. En la costa del Paraná, donde existen suelos más arenosos, el problema podría ser algo menor.

Nivel de riesgo: muy alto dentro del escenario planteado.

1.b. Entre Ríos

También se encuentra entre las provincias que requieren mayor atención preventiva.

El riesgo presenta dos componentes:

  • exceso de precipitaciones y saturación de los suelos;
  • dificultad de desagüe de las cuencas internas cuando Paraná y Uruguay presentan niveles elevados. Particularmente las cuencas del Gualeguay, Guayquiraró, Nogoyá y otros cursos internos, donde las crecientes de los grandes ríos pueden actuar como una especie de “tapón”, ralentizando el drenaje.

Esto es especialmente importante en zonas con suelos arcillosos, que alcanzan rápidamente condiciones de saturación.

Para el pecán existe además una coincidencia preocupante: octubre, noviembre y diciembre abarcan etapas particularmente sensibles de brotación, floración y polinización. La elevada frecuencia de lluvias y humedad podría interferir con la movilidad del polen.

En el centro-sur de Entre Ríos existe, sin embargo, un posible aspecto favorable: normalmente enero presenta cierto déficit estacional. Si las lluvias disminuyeran entonces, entrar en ese período con perfiles bien cargados podría resultar beneficioso. El problema sería llegar a enero después de excesos importantes durante los meses anteriores.

1.c. Santa Fe

La situación sería muy diferente según la zona de la provincia.

El extremo noreste de Santa Fe aparece junto con Corrientes entre los sectores con mayor potencial de problemas por exceso hídrico.

En cambio, el sudoeste de Santa Fe podría encontrarse en una situación bastante más favorable: De Benedictis lo menciona entre las regiones que podrían beneficiarse de mayores precipitaciones, sin alcanzar necesariamente situaciones de exceso generalizado.

Por lo tanto, existe un claro gradiente noreste-sudoeste:

NE de Santa Fe → mayor riesgo de exceso.
SO de Santa Fe → escenario potencialmente beneficioso.

  1. Norte de Buenos Aires

El panorama es considerablemente más favorable que en Corrientes o Entre Ríos. De Benedictis consideró que el norte de Buenos Aires podría incluso beneficiarse de un mayor aporte de precipitaciones, y no lo identificó como uno de los focos principales del evento.

Pueden existir inconvenientes locales —por ejemplo vinculados al río Luján— pero no se espera que sea una de las zonas más comprometidas.

La excepción mencionada es parte del noroeste bonaerense, donde existe influencia del sistema del río Quinto. Allí podría generarse ocasionalmente acumulación de agua porque el río pierde capacidad de drenaje y forma zonas deprimidas o anegables. De todas maneras, señaló que la probabilidad de una situación problemática generalizada no sería elevada.

Balance esperado: predominantemente favorable, con riesgos locales de exceso.

 

  1. Córdoba

El Sudeste provincial tiene un comportamiento parecido al norte de Buenos Aires y sudoeste de Santa Fe. El incremento de precipitaciones podría resultar positivo, especialmente después de campañas con déficit hídrico. No aparece entre las regiones donde De Benedictis espera problemas generalizados por exceso.

En Córdoba occidental / noroeste de Córdoba cambia completamente el tipo de riesgo. No se espera una sucesión persistente de lluvias como en el Litoral. El principal problema serían tormentas aisladas pero extremadamente intensas. La gran cantidad de humedad disponible en la atmósfera, combinada con las altas temperaturas de diciembre, enero y febrero y la geografía regional, puede generar tormentas convectivas muy localizadas.

El patrón podría ser:

período seco → varias semanas sin lluvias → tormenta convectiva muy intensa → nuevamente período seco.

Una localidad podría recibir 150, 200 o incluso 250-300 mm en pocas horas, mientras que a 50 km prácticamente no llueve.

Por ese motivo, los promedios regionales pueden resultar engañosos: dentro de una misma región algunos establecimientos podrían sufrir déficit hídrico y otros daños por una tormenta extraordinaria.

Período de mayor riesgo: principalmente diciembre-febrero, asociado al máximo calentamiento estival.

  1. NOA

En Tucumán, Salta, Catamarca y Jujuy el comportamiento esperado es muy distinto al Litoral.

No se prevé como escenario principal una elevada frecuencia de lluvias. De hecho, la frecuencia podría encontrarse por debajo de los promedios. El riesgo está concentrado en eventos convectivos muy fuertes y localizados.

A diferencia de la temporada anterior, cuando algunas zonas de Tucumán y Salta tuvieron largos períodos de lluvias o lloviznas persistentes, esta campaña podría presentar largos intervalos relativamente secos + tormentas de enorme intensidad.

La combinación de altas temperaturas, humedad atmosférica disponible, relieve, y calentamiento diurno favorece la aparición de tormentas vespertinas muy violentas. Esto genera una situación particularmente difícil de manejar porque dos plantaciones separadas por pocas decenas de kilómetros pueden atravesar campañas completamente diferentes.

Período crítico: especialmente diciembre, enero y febrero.

  1. Posibilidades de Granizo

En el Litoral, al existir mayor cantidad de tormentas, estadísticamente hay más oportunidades de que ocurra granizo. Sin embargo, en el NOA y noroeste de Córdoba las tormentas serían menos frecuentes pero potencialmente mucho más violentas. Por eso:

  • Litoral: mayor frecuencia potencial de episodios, generalmente sobre áreas más amplias y con granizo relativamente menor.
  • NOA / oeste de Córdoba: menos tormentas, pero cuando ocurren pueden tener granizo de mayor tamaño y daños muy severos en superficies localizadas.

Para un productor individual, por lo tanto, el riesgo de sufrir un evento destructivo podría ser especialmente importante en el NOA.

  1. San Luis y sectores más secos del oeste

 Es uno de los ejemplos utilizados por De Benedictis para explicar por qué no debe asociarse automáticamente El Niño con exceso de agua. En sectores de San Luis podría incluso presentarse déficit hídrico o sequía. Esto refuerza que la influencia de El Niño sobre Argentina tiene una distribución territorial muy marcada: el efecto típico de aumento de precipitaciones es mucho más claro hacia el este y noreste del país.

  1. Temperaturas

No necesariamente se espera un verano caracterizado por récords permanentes de temperatura en el Litoral. La gran presencia de humedad actúa como reguladora de los extremos térmicos. Por lo tanto, podrían ser menos frecuentes los episodios de 36-40 °C que caracterizaron algunas campañas secas anteriores.

Sin embargo, esto no significa menor estrés climático. El patrón esperado sería de temperaturas moderadamente altas —por ejemplo alrededor de 30-32 °C— combinadas con humedad relativa elevada y persistente. El efecto sobre cultivos, animales y personas puede ser importante aunque el termómetro no marque valores extraordinarios.

Los extremos de temperatura comenzarían antes en las regiones más secas:

  • NOA;
  • noroeste de Córdoba;
  • Santiago del Estero;
  • norte de Chaco;
  • Formosa;
  • este de Salta.

En el Litoral, los máximos extremos tenderían a aparecer más tarde, principalmente hacia diciembre-enero. De Benedictis también señaló que, bajo este escenario, el riesgo de heladas tardías sería relativamente bajo, aunque no inexistente.

Conclusión

Es importante no plantear una campaña “catastrófica”, sino una campaña que requiere anticipación y manejo diferencial según la región.

En el Litoral, el eje será prepararse para manejar exceso de agua, saturación de suelos, alta humedad, ventanas más reducidas para aplicaciones y mayor presión potencial de enfermedades foliares.

En el NOA y oeste de Córdoba, en cambio, habrá que prestar mucha atención a tormentas convectivas, granizo, grandes cantidades de agua en períodos muy cortos y la posibilidad de alternancia entre déficit y exceso hídrico.

Y para el pecán hay un punto adicional especialmente importante: el período que De Benedictis señala como más activo —octubre a diciembre— coincide precisamente con brotación, floración y polinización en buena parte de las zonas productivas, mientras que la eventual prolongación del fenómeno hasta marzo-abril podría hacer que sus efectos alcancen también el inicio de la cosecha.

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